Rompiendo la Maldición de la Bruja: Un Viaje de Fe y Libertad

La desesperación de mi madre la llevó a buscar ayuda de una bruja, una decisión que arrojaría una sombra sobre nuestras vidas durante años. Mi padre era un hombre abusivo, su crueldad era una presencia constante en nuestro hogar. Impulsada al borde por su tormento, mi madre recurrió a la bruja con la esperanza de encontrar una solución. La bruja prometió curar a mi padre, pero solo con una condición: necesitaba realizar un ritual en mí.

Cegada por la desesperación, mi madre creyó las mentiras de la bruja y me llevó con ella. Durante el ritual, la bruja lanzó un oscuro hechizo sobre mí, un hechizo diseñado para robar dones que mi madre no sabía que yo poseía. En lugar de traer alivio, la intervención de la bruja sumió nuestras vidas en un caos aún mayor. El comportamiento de mi padre empeoró, su crueldad se volvió más demoníaca con cada día que pasaba. Mi madre también empezó a cambiar, convirtiéndose en un reflejo de la malevolencia de mi padre.

La vida se convirtió en un infierno viviente. El abuso y el tormento eran nuestra realidad diaria. Eventualmente, mi madre se divorció de mi padre cuando yo tenía 26 años, pero el daño ya estaba hecho. Los verdaderos efectos de la maldición comenzaron a manifestarse cuando cumplí 27 años. Mi vida se hundió en la oscuridad: sufrí un doloroso divorcio, múltiples accidentes automovilísticos y una constante avalancha de visiones y voces demoníacas. La mala suerte me perseguía, encontrar un trabajo parecía imposible y estaba atrapada en un ciclo de sufrimiento y abuso.

En un intento desesperado por encontrar paz, recurrí a los psicodélicos. Durante estos estados alterados, experimenté momentos de claridad y alivio de la maldición. Fue un escape temporal, pero me mostró que liberarme era posible. Un día, una mujer que se parecía asombrosamente a mi madre se me acercó. Se presentó como una bruja y expresó su deseo de ser parte de mi familia y una figura materna para mis hijos. Sola y ansiosa por el afecto maternal, la acepté en mi vida.

No pasó mucho tiempo antes de que descubriera la verdad: esta bruja era la misma que había maldecido a mi madre y a mí. Había regresado porque mi uso de psicodélicos estaba debilitando la maldición. Aterrada y desesperada por librarme de esta oscuridad de una vez por todas, busqué respuestas. Mi búsqueda me llevó a la Iglesia Católica, donde confesé mis pecados y busqué liberación.

Un mes después de mi confesión, un ángel se me apareció. Este encuentro divino me liberó de la maldición que había plagado mi vida. En ese momento, me di cuenta de una verdad profunda: Jesucristo es el único Dios que nos ama incondicionalmente y nos protege del diablo y sus secuaces. A través de la Iglesia Católica, fundada por el mismo Jesús, encontré el camino hacia la verdadera libertad y salvación.

La Iglesia Católica nos enseña a seguir los siete sacramentos, los canales de gracia que nos protegen del mal. Cualquiera que niegue la Iglesia, niega las enseñanzas de Dios. La Biblia nos instruye a abrazar estos sacramentos, que se ofrecen únicamente a través de la fe católica.

Conclusión

Mi historia es un testimonio del poder de la fe y la importancia de buscar la liberación a través de la Iglesia Católica. Es un viaje de la oscuridad a la luz, de la esclavitud a la libertad. Si te encuentras atrapado por fuerzas más allá de tu comprensión, sabe que el camino hacia la liberación se encuentra en los sacramentos y enseñanzas de la Iglesia Católica. Abraza el amor de Jesucristo, porque Él es la verdadera fuente de protección y paz en este mundo.

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